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¡No puedo con las crisis en mi vida!


Tooda situación de crisis debemos someterla a Dios



 “Últimamente he enfrentado una seria de dificultades, de un lado en mi vida personal, y de otra con mi familia, que me tienen al borde del desespero. Honestamente no sé qué hacer. Por momentos he pensado en irme de casa, pero se que no es lo más apropiado. Incluso, he llegado a pensar en quitarme la vida. Aconséjeme, por favor sobre qué puedo hacer”.
J.K.L., desde Dallas, Texas.

Respuesta:

Imagine por un instante que todo a su alrededor está prosperando cuando inesperadamente los problemas tocan a su puerta. Usted no los llamó, pero llegaron. No uno, sino varios. ¡Ya lo pensó? Pues eso mismo es lo que experimentó el rey Ezequías, uno de los que marcó la historia de Judá.


Las Escrituras nos relatan que el rey Ezequías fue un hombre recto, seguidor de Dios, fiel a los mandamientos, erradicó los lugares altos de Judá y derribó los ídolos a los que rendían tributo (2 Reyes 18:1-7).

No obstante fue amenazado por el rey de Asiria, Senaquerib. Los hechos ocurrieron en el año 730 a.C. El enemigo cercó las 46 principales ciudades del reino y amenazó con tomarse Jerusalén. Les ofreció que si se rendían, les conservaba la vida. Ante esta situación, el rey Ezequías cometió dos errores: el primero, le entregó todos los tesoros del Templo de Jerusalén, y el segundo, acudió al reino de Egipto en procura de ayuda para enfrentar el enemigo.

Su carrera contra la adversidad, como suele ocurrirnos a la mayoría de nosotros que primero buscamos ayuda fuera y sólo cuando las cosas fallas nos volvemos a Dios, le llevó a reconocer que se encontraba en un callejón sin salida. Y llevó la crisis, en la que estaba inmerso, en manos del Señor. 

¿Le ha ocurrido? Sin duda. Muchos de nosotros cometemos el error de buscar salidas al laberinto en personas o elementos, antes que en Dios. Al respecto, nuestro amado Hacedor advirtió: “Esto dice el Señor: «Malditos son los que ponen su confianza en simples seres humanos, que se apoyan en la fuerza humana y apartan el corazón del Señor. Son como los arbustos raquíticos del desierto, sin esperanza para el futuro. Vivirán en lugares desolados, en tierra despoblada y salada. »Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto”(Jeremías 17:5-8. NTV)

Antes que sigamos profundizando en las Escrituras respecto a la necesidad de someter nuestras crisis en manos de Dios, en oración, le invito a tomar la mejor decisión: volver su mirada al Creador quien hace posible lo imposible.

Lleve las crisis a Dios

Recuerde que hasta el momento hemos estudiando las Escrituras y nos enseñan que si clamamos a Dios, Él responderá con poder (Jeremías 33:3)

Si lo permitimos, las crisis nos roban la paz interior
En el rey Ezequías, quien cometió inicialmente dos errores, encontramos una enseñanza de suma importancia: Las crisis debemos someterlas en manos de nuestro amado Padre celestial. Fue lo que Él hizo: “Cuando el rey Ezequías oyó el informe, rasgó su ropa, se vistió de tela áspera y entró al templo del Señor. Enseguida envió a Eliaquim, administrador del palacio; a Sebna, secretario de la corte; y a los principales sacerdotes, todos vestidos de tela áspera, a hablar con el profeta Isaías, hijo de Amoz. Ellos le dijeron: «El rey Ezequías dice: “Hoy es un día de dificultad, insulto y deshonra. Es como cuando un niño está a punto de nacer, pero la madre no tiene fuerzas para dar a luz. Tal vez el Señor tu Dios haya oído al jefe del Estado Mayor   asirio, que fue enviado por el rey para desafiar al Dios viviente, y lo castigue por sus palabras. ¡Te rogamos que ores por los que hemos quedado!”».”(2 Reyes 19:1- 4. NTV)

Este monarca, uno de los mejores que tuvo Judá en toda su historia, se volvió a Dios. Hizo lo apropiado; nos enseñó lo que debemos hacer cuando la situación se torna compleja en nuestra existencia y en las circunstancias que nos rodean.

Buscar a Dios, esa es la salida. Forma parte de los aspectos esenciales que debemos asumir en la Escuela de Oración en la que estamos inscritos, de cara a elevar nuestro nivel de intimidad con el Señor y de elevar nuestra espiritualidad.

Entregue las crisis a Dios

¿Por qué los seres humanos enfrentamos tantos problemas? Porque como si estuviésemos conduciendo el auto, deseamos tener el control en todo momento. Lo hacemos aun cuando reconocemos que en nuestras fuerzas será imposible seguir adelante. ¿Qué hacer? Reconocer que nuestras fuerzas son insuficientes para resolver las dificultades y que sólo nuestro Supremo Hacedor nos puede ayudar.

El rey Ezequías no solo llevó los problemas al Señor en oración, sino que entrego en Sus manos la crisis. Dejó de luchar en sus fuerzas.

El relato señala que: Una vez que los funcionarios del rey Ezequías le dieron a Isaías el mensaje del rey, el profeta respondió: «Díganle a su amo: “Esto dice el Señor: ‘No te alteres por ese discurso blasfemo que han pronunciado contra mí los mensajeros del rey de Asiria. ¡Escucha! Yo mismo actuaré en su contra,*  y el rey recibirá un mensaje de que lo necesitan en su país. Así que volverá a su tierra, donde haré que lo maten a filo de espada’”».”(2 Reyes 19:5-7. NTV)

Dios no nos deja a la deriva. Si se lo permitimos, Él toma control de los problemas (Cf. Mateo 11:28). Es en ese momento cuando usted y yo podemos descansar. Lo más necio sería pretender seguir teniendo control de las crisis. Si están en manos de Aquél que todo lo puede, entonces debemos descansar….

Nuestros mayores enemigos

¿Sabe cuáles son los mayores enemigos del cristiano cuando está orando por alguna circunstancia o crisis en particular? Se los comparto porque quizá han estado tan cerca de usted, que pasan desapercibidos o quizá se acostumbró a ellos. Los enemigos son la duda y el temor.

¿Por qué la duda? Porque la duda levanta una enorme barrera al obrar de Dios. Él nos llama a dejar de lado toda sombra de duda cuando clamamos por algo (Cf. Hebreos 11:6). ¿Y por qué el temor? Porque el temor nos impide ver la gloria de Dios en nuestra existencia (Cf. 1 Juan 4:18)

Los asirios trataron de sembrar duda y temor en el rey Ezequías y en su pueblo (2 Reyes 19:8-13)

¿Qué hizo ante esta situación el monarca de Judá: Buscó fortaleza en Dios. Perseveró. Reconoció su poder. Confesó que los ídolos no eran más que fetiches sin poder alguno.

Lass Escrituras nos enseñan la importancia de orar
El relato señala: “Después de recibir la carta de mano de los mensajeros y de leerla, Ezequías subió al templo del Señor y desplegó la carta ante el Señor.”(2 Reyes 19:14-19. NTV)

A partir de allí, eleva una oración profunda al Padre. La misma oración que usted y yo hacemos cuando la respuesta está por llegar, y necesitamos fortalecernos en el Señor. No podemos permitir que el enemigo nos siembre temor o nos haga duda. ¡Eso jamás!

Espere en Dios

La enseñanza de Dios ha sido maravillosa porque, a partir de las Escrituras, aprendimos la ruta que debemos seguir cuando oramos en procura de que nuestro amado Padre celestial cambie las circunstancias difíciles que enfrentamos. La última fase es esperar en Él. Nuestro amado Señor responderá.

El rey Ezequías confió en Dios. Depositó todas sus esperanzas en Él. Descansó en Su poder, aun cuanto todo parecía estar en contra.

Las Escrituras manos enseñan que Dios cumplió su anuncio, como sin duda lo hará con todos nosotros cuando entregamos en Sus manos nuestras crisis: “Esa noche el ángel del Señor fue al campamento asirio y mató a 185.000 soldados. Cuando los asirios que sobrevivieron  se despertaron a la mañana siguiente, encontraron cadáveres por todas partes. Entonces Senaquerib, rey de Asiria, levantó campamento y regresó a su propia tierra. Volvió a Nínive, la capital del reino, y allí se quedó. Cierto día, mientras rendía culto en el templo de su dios Nisroc, sus hijos  Adramelec y Sarezer lo mataron a espada. Luego escaparon a la tierra de Ararat, y otro de sus hijos, Esar-hadón, lo sucedió en el trono de Asiria.”(2 Reyes 18:35-37. NTV)

Dios desea moverse con poder en nuestras vidas. Basta que confiemos en Él. Que sometamos en Sus manos todos los problemas que nos aquejan y las crisis que nos han llevado a pensar que nos encontramos en un callejón sin salida. Hoy es el día para que tome la decisión. Puedo asegurarle que no se arrepentirá.

© Fernando Alexis Jiménez – Email webestudiosbiblicos@gmail.com

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