Inicio » » Nos escriben desde un matrimonio en crisis...

Nos escriben desde un matrimonio en crisis...


Dios desea que haya matrimonios sólidos. Hoy es el día de empezar


“Tengo muchos dificultades en casa porque mi esposa quiere hacer lo que ella quiere. ¿Son pocos a quienes les ocurre esto? Lo cierto es que esa situación, que se viene presentando hace ya algún tiempo, nos está afectando como familia. Además, mi esposa procura tener las riendas de todo. Necesito un consejo porque las cosas siento que no van bien y he pensado en varias ocasiones en el divorcio.”
L.M.J. desde Madrid, España.

Respuesta:

En primer lugar permítame decirle que no conozco un hogar en el que no haya dificultades. Aun cuando haya un alto nivel de comprensión entre los dos, siempre surgirán dificultades. Eso es algo que ocurre a todos los matrimonios. Al fin y al cabo somos dos mundos bajo un mismo techo.
En segundo lugar, si ella ha tomado fuerza y liderazgo, revise por favor su vida porque quizá usted ha dado pie a eso. Tal vez le dejó a ella toda la carga. Es tiempo de recobrar ese liderazgo de esposo, pero con diálogo, tolerancia y búsqueda de soluciones.
En tercer lugar, la separación o mejor el divorcio, no está en los planes de Dios para la familia. Si lo había pensado así, vaya quitándose esa idea porque el plan de Dios es la unidad para ustedes como pareja.

Edificando un matrimonio sólido

Un matrimonio sólido con principios y valores asegura la permanencia en el tiempo y la edificación de hijos que serán útiles para la sociedad y agentes claves en el proceso de transformación del mundo en el que nos desenvolvemos. ¿Cómo lograrlo? A partir de la pareja, cuando cada uno asume el rol que le corresponde en el hogar.
El apóstol Pablo dejó el asunto claro cuando en su primera Carta, explica cuál es la tarea y aporte decisivo del esposo y de la esposa, y cuál la consecuencia que se debe esperar al término del proceso de construcción de una relación de pareja en la que Dios gobierna.
Cierto hombre se quejaba de lo difícil que era mantener una buena relación con su esposa. “Es grosera”, me dijo. Cuando nos sentamos a dialogar sobre el problema, afloró que él procuraba imponer su voluntad y sentía que ella era una persona que sólo debía obedecer. La sentía de su propiedad, olvidando que como esposa es un ser frágil y, además, merece toda la consideración que el esposo pueda brindarle. Y adicionalmente, que las opiniones de ella son muy importantes. Allí radicaba el origen de la rebeldía de ella. Unos pocos ajustes aquí y allá  en el trato, produjeron cambios sorprendentes.
En una sociedad en la que el machismo prevalece, la reacción de rebeldía de la mujer es cada vez mayor. No soportan el mal trato y asumen una decidida actitud de rechazo a las manifestaciones de agresividad de la que son víctimas.
El apóstol Pedro recomendó a los creyentes del primer siglo y a nosotros hoy: De la misma manera, ustedes esposas, tienen que aceptar la autoridad de sus esposos. Entonces, aun cuando alguno de ellos se niegue a obedecer la Buena Noticia, la vida recta de ustedes les hablará sin palabras. Ellos serán ganados al observar la vida pura y la conducta respetuosa de ustedes.”(1 Pedro 3:1, 2. NTV)
Un esposo machista siempre encontrará dificultades para el matrimonio porque ser hombre no nos privilegia para atropellar al cónyuge. Es tiempo de revisar cómo anda nuestro trago al cónyuge.

Ejerciendo una adecuada autoridad

Es necesario dejar de lado el orgullo para llegar a acuerdos en pareja
La autoridad no debe ser entendida como poder para imponer. Más bien es la capacidad que el Señor nos concede para direccionar, en este caso, un hogar. Si creemos que es gritar más fuerte y asegurarnos que los demás hacen lo que queremos, estamos en un grave error y es una señal de alerta de que debemos imprimir cambios a nuestros patrones de conducta.
Reñir con la otra persona no es el camino; por el contrario, en algunos casos se agravará la situación. ¿Qué hacer entonces? Manejar la situación con sabiduría, que proviene de Dios. Sin reaccionar violentamente, es importante hacerle notar al esposo que no se comparte su actitud machista. Serenidad y calma en todo momento. Si el enojo le embarga, ore a Dios y espere otro momento que resulte más oportuno.
Adicionalmente e importante: Ore a Dios. Él es quien cambia las actitudes y el comportamiento de las personas, y lo hará con su esposo, porque es el Creador quien transforma el corazón (Cf. Ezequiel 36:26, 27) No se desanime. Persevere. Conozco infinidad de hogares que han sido transformados a partir de una actitud de perseverancia en la oración por parte de una esposa cansada del mal trato y del comportamiento agresivo e intolerante del marido.

Una mujer que edifica el hogar

Jamás podré olvidar al hombre que conocí en una Clínica de la ciudad, específicamente en la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos. A pocos metros de allí, la esposa de él y mi hijo adolescente, se debatían entre la vida y la muerte. Ese hecho nos unía a todos en ese lugar. “Si Dios salva a mi esposo cambiaré con ella. He descubierto que la amo.”, repetía. Él tardó veinte años en saber que la amaba, y sólo tomó conciencia cuando ella agonizaba. La mujer murió y él quedó sumido en la soledad y bajo la pesaba carga de una culpabilidad que reconocía. Fue necesario guiarle al amor del Padre celestial para que cesara su tristeza…
Una de las ideas equivocadas que ha contribuido al empoderamiento del machismo, es que la mujer es débil. Una cosa es que sea frágil—o que demanda tratarle con cuidado—y otra que está rayando en la subestimación es decir que es débil. Por el contrario, son fuertes y gracias a su fortaleza los hombres podemos salir adelante. Ellas son fundamenta mentales en el hogar.
La Biblia enseña que el papel de las esposas es protagónico en la edificación de una familia sólida: “La mujer sabia edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba.”(Proverbios 14:1)
Como este desenvolvimiento es esencial, y como las reacciones de una mujer son claves, es importante que pida a Dios sabiduría para ser ayuda idónea en todo momento.
El apóstol Pedro les recomendó a las esposas: No se interesen tanto por la belleza externa: los peinados extravagantes, las joyas costosas o la ropa elegante. En cambio, vístanse con la belleza interior, la que no se desvanece, la belleza de un espíritu tierno y sereno, que es tan precioso a los ojos de Dios. Así es como lucían hermosas las santas mujeres de la antigüedad. Ellas ponían su confianza en Dios y aceptaban la autoridad de sus maridos. Por ejemplo, Sara obedecía a su esposo, Abraham, y lo llamaba «señor». Ustedes son sus hijas cuando hacen lo correcto sin temor a lo que sus esposos pudieran hacer.”(1 Pedro 3:3-6. NTV)
La esposa no debe perder su lugar. Es fundamental para traer equilibrio en el hogar. Discutir con el esposo con el ánimo de rebatir sus actitudes machistas, no contribuye a nada como tampoco, el que se aísle dejando que él sea quien lleve toda la carga.
Otra recomendación importante es que no se descuide. Como mujer debe preocuparse por su aspecto físico. No con ostentación sino con modestia. Una esposa que cuida de sí misma, atrae al esposo. Una esposa que se descuida abre puertas para que sea la mundanalidad la que lo atrape.

Papel importante de la mujer

La esposas ocupan un espacio protagónico en la familia. Y debemos prodigarles el respeto y honra que les corresponde. El apóstol Pedro instruyó al respecto: De la misma manera, ustedes maridos, tienen que honrar a sus esposas. Cada uno viva con su esposa y trátela con entendimiento. Ella podrá ser más débil, pero participa por igual del regalo de la nueva vida que Dios les ha dado. Trátenla como es debido, para que nada estorbe las oraciones de ustedes.”(1 Pedro 3: 7. NTV)
Piense por un instante: ¿Honra usted a su esposa?¿Respeta sus sentimientos, opiniones e incluso, diferencias de criterio?¿Cuándo fue la última vez que le dijo TE AMO?¿Qué trato les damos?
Estos interrogantes no son intrascendentes sino por el contrario, fundamentales para que edifiquemos una relación de pareja sólida. Los hombres debemos tomar el tiempo necesario para evaluar cómo anda la relación e identificar de qué manera—con ayuda de Dios—podemos cambiar, corrigiendo errores recurrentes. ¡Dios desea ayudarnos en el proceso! Él ama la familia y nos acompaña en el proceso de sanar las heridas.
Y hablando de Dios, ¿ya recibió a Jesucristo en su corazón como su único y suficiente Salvador? Hoy es el día para que lo haga. Puedo asegurarle que no se arrepentirá. Si no le ha abierto las puertas de su corazón, hágalo ahora. Si le asiste alguna inquietud, por favor no dude en escribirnos a webestudiosbiblicos@gmail.com
© Fernando Alexis Jiménez

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
Soporte Técnico : Guerra Espiritual | Sermones Bíblicos | Estudios Bíblicos
Copyright © 2013. CONSEJERIA PASTORAL - Todos los Derechos Reservados
Plantilla Creada Por Creating Website Publicado Por Mas Template
Tecnología Blogger