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“Se me dificulta perdonar…”

El perdón nos hace libres y nos permite el crecimiento
personal y espiritual

 “Le escribo porque siento que el daño que nos hemos provocado como pareja, pero que a la vez ha terminado afectando a nuestros hijos, es algo que no puedo perdonar. Cada vez que estamos emprendiendo algo bueno en familia, recuerdo todos los conflictos que hemos vivido y, sinceramente, me desanimo. Realmente siento que no puedo perdonar, y pido su orientación”.
L.F.M., desde Caracas, en Venezuela:

Respuesta:

La frase del Obituario resultó contundente. Quienes la leían no podían creerlo. Decía: "Nació el 4 de enero de 1935 y murió el 30 de agosto de 2013. Le sobreviven seis de los ocho hijos a quienes se pasó la vida torturando de todas las formas posibles. Mientras descuidaba y abusaba de sus hijos más pequeños, se negaba a permitir que alguien más los cuidara o les mostrara compasión." Lo publicó el diario norteamericano Reno Gazette-Journal (RGJ).

¿Mora el Espíritu Santo en nuestra vida?

Todos nosotros, si estamos en íntima relación con Dios,
experimentamos el hablar en lenguas


“Fernando, leo con frecuencia las respuestas a los interrogantes que le envían desde diversos países. Le confieso que soy un cristiano que batalla con los deseos de la carne. Aunque tengo 27 años, soy casado y padre de un niño, me enfrento a muchos deseos. Creo que esa es la razón por la que no tengo el Espíritu Santo. Los demás ya han sido bautizados con fuego, hablan en lenguas y yo aún no; lo comprendo y creo que es por mi pecaminosidad. ¿Será que algún día podré hablar en lenguas?” J.B.A. desde Montevideo, Uruguay.

Respuesta:

Días antes de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús, él dijo a sus discípulos “Sin embargo, os digo la verdad. Os conviene que me vaya, porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros. Pero al irme, os lo enviaré. Y cuando él venga convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”(Juan 16:7, 8).

Sentimientos de rencor en su corazón

El perdón nos destruye e impide que sigamos creciendo espiritualmente


“Por años he considerado que soy una mujer buena, pero justamente por mi condición, enfrento problemas. Hay quienes han abusado de mi buena fe. Con decirle que he servido de fiadora y aquél a quien le ayudé con este servicio, se fue de la ciudad y me dejó con una enorme deuda por electrodomésticos. Ese es solo un ejemplo. Sería innumerable si cito todos los casos ahora. Por el daño que me han hecho, siento que no puedo perdonar y esa situación me causa mucho dolor y desánimo en mi vida cristiana”.
J.A.D. desde Piura, en el Perú.

¿Dios nos perdona aunque los pecados sean graves?

Dios nos perdona de una vez por todas y nos permite emprender
una nueva vida...


“Me practiqué un aborte hace tres años. El novio con el que me involucré sentimentalmente, siendo cristiana, me embarazó y dijo que no respondería. Creí en él porque iba a la iglesia. Cuando me dejó en esa situación, dejó de asistir. Nadie se enteró de mi decisión. Desde entonces vivo un infierno. Siento que Dios no me perdonó, aunque le he pedido muchas veces que lo haga. Dejé de ir a la iglesia. No me siendo digna de ser Su hija.”
O.S.G. desde ciudad de Panamá.

Respuesta:

La primera pregunta que debemos hacernos, para responder al interrogante que se formula, es ¿Quién no ha cometido errores? Sin duda no hay ni siquiera uno. En mayor o menor medida, todos hemos errado.

¿Cómo resolver los conflictos matrimoniales?



Las crisis, las ofensas y los problemas nos llevan al divorcio



“Imagino que, como me ocurre a mi, le pasa a todos los matrimonios. Tenemos problemas como pareja; el asunto es que, cada vez que hay una diferencia, termina convirtiéndose en una situación complicada y mi esposa saca en cara todos mis errores. Reconozco que la he ofendido, pero sin duda, no habría lugar para que el asunto se volviera tan complicado, que no se pudiera resolver fácilmente. ¿Cómo podría resolver esos conflictos que nos surgen?, y más: ¿Cómo enfrentar el dolor que causé a mi cónyuge?”
S.Y.T., desde Managua, Nicaragua

Respuesta:

Cuando emprendemos el noviazgo, no se ve sino lo bueno de cada uno de los componentes de la pareja. De hecho, todo nos parece maravilloso en la otra persona. Lo complejo se produce cuando pasa el tiempo y comprobamos que sí hay fallas, conductuales o de palabras, que terminan generando heridas. Y esas heridas emocionales van agigantándose conforme pasa el tiempo y llevan al resquebrajamiento de la unión.

La violencia marca a nuestra familia

La violencia intrafamiliar tiene muchas formas
de manifiestarse

“Llevo siete años compartiendo la vida con una esposa que, reconozco, es maravillosa. Tenemos dos hijos. Las relaciones se han deteriorado bastante. Reconozco que me salgo de casillas. Mi esposa se desespera, y con razón, porque si ella no me da la razón siempre, pues estallo. Por momentos no se qué hacer. Pido a Dios que me ayude en todo esto, y a ustedes, que me orienten.”
P.L.B., desde Salaverry, Perú

Respuesta:

El problema, sin duda, no está en su familia sino en usted. Esa situación tiene dos direcciones hacia las cuales le aconsejo que se encamine. La primera, Dios. Sin duda, reconocer que ha cometido errores es ya un buen indicio. Revisar dónde están los errores y disponerse a corregirlos.
            El segundo aspecto es que, en mi humilde criterio, es bueno que se entreviste con un sicólogo cristiano. Hay situaciones de su niñez que debe revisar, porque usted mismo quedó marcado por hechos que hoy le llevan a repetir el mismo comportamiento violento que apreció.
            Ahora, algo que está en sus manos en pedirle a Dios que le ayude a detener la cadena de la violencia intrafamiliar que le afecta a usted—por la crisis que desencadena un episodio violento—pero también a su cónyuge y a los hijos.
           

Invierta vida, tiempo y esfuerzos en la familia

Tenga en cuenta siempre que la familia es muy
importante para Dios

“En días pasados dialogué con mi esposo, después de mucho tiempo de no hacerlo, y encuentro que está bastante herido. Asegura que he descuidado la familia. Mi trabajo como administradora de un almacén de cadena a veces me ocupa hasta doce horas. Y, tal como van las cosas, sinceramente no sé que hacer. Pareciera que no hay mayor salida a este problema. ¿Me pueden orientar?”
J.M.R., desde Panamá, ciudad de Panamá

Respuesta:

Los seres humanos tenemos un problema: Nos ocupamos de todo, del trabajo, del estudio, de las relaciones sociales, menos del matrimonio.

Mida el alcance de sus palabras

Aprender a expresarnos mejora nuestras relaciones interpersonales
o las resquebraja... La decisión está en sus manos

“El sábado anterior, mientras hablaba con mi esposa, me dijo que estaba dispuesta a separarse. Me inquietó porque no tenemos mayores problemas; sin embargo, cuando hablamos, me contó de algo que le molestó hace dos años. Fue en medio de una discusión. Le dije algo que le molestó y ha seguido guardando esa incomodidad todo este tiempo. Estoy dispuesto a cambiar, y no se qué pensar, sinceramente, ni por dónde comenzar”
L.J.P., desde Managua, en Nicaragua

Respuesta:

El primer cambio que usted debe emprender, en el proceso de recobrar esa relación matrimonial, es medir cuidadosamente el alcance de las palabras porque es justamente a través de lo que dice, que ha causado mucho dolor a su esposa.

¡No puedo con las crisis en mi vida!


Tooda situación de crisis debemos someterla a Dios



 “Últimamente he enfrentado una seria de dificultades, de un lado en mi vida personal, y de otra con mi familia, que me tienen al borde del desespero. Honestamente no sé qué hacer. Por momentos he pensado en irme de casa, pero se que no es lo más apropiado. Incluso, he llegado a pensar en quitarme la vida. Aconséjeme, por favor sobre qué puedo hacer”.
J.K.L., desde Dallas, Texas.

Respuesta:

Imagine por un instante que todo a su alrededor está prosperando cuando inesperadamente los problemas tocan a su puerta. Usted no los llamó, pero llegaron. No uno, sino varios. ¡Ya lo pensó? Pues eso mismo es lo que experimentó el rey Ezequías, uno de los que marcó la historia de Judá.

La trampa de la fidelidad que destruye a la familia

Dios desea que seamos responsables con nuestras familias,
que velemos por nuestro cónyuge y nuestros hijos...

“Le confieso que una de mis mayores tentaciones es la infidelidad. No puedo resistir el trato con personas del sexo opuesto. Me genera tentaciones. No ha sido fácil vencer. He acudido a la oración, pero a veces ha sido muy difícil. Por momentos pienso sobre qué podría yo perder, si los demás lo hacen también. Hay momentos en los que estoy en una encrucijada…”
R.L.M., desde San Juan, Puerto Rico.

Respuesta:

Lucía se tomó el trabajo de velar porque su esposo estuviera sumido en un sueño profundo. Se acercó a la mesita de noche, sacó el celular de Rodrigo y miró los mensajes enviados. ¡Allí estaba la evidencia! Había dirigido siete frases amorosas a una joven que, comprobó tiempo después, era compañera de la oficina. Le estaba siendo infiel. Un golpe bajo. Lo sintió en el alma. Pensó en sus dos hijos, pero también en su dignidad. Decidió separarse…

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